Chicureanos

 

LA BENDICIÓN DE LA PATRIA

Eduardo Kutscher
Ingeniero Comercial


 

Para la gran mayoría de los chilenos, la llegada del “18” es como una ventana que se abre trayendo aires frescos y limpios. Es el fin del invierno y prácticamente del año. Inicio de la temporada de parrillas, el clima se pone más templado y todo florece. Se ven cercanas las vacaciones, el descanso, el relajo. Todo se anticipa y se acelera, es más agradable. ¡Hay más luz! No me imagino las Fiestas Patrias en otra fecha que no sea septiembre. El aniversario patrio en septiembre es una bendición.

 

Tengo la convicción de que el chileno es patriota y es feliz siéndolo. Tiene orgullo, respeto y agradecimiento por el regalo de la patria. ¡Y cómo no! Si la patria es “nuestra madre”, que nos recibe con amor y nos acoge, nos nutre y nos hace crecer, nos identifica y nos hace libres. Por ella muchos compatriotas dieron la vida y muchos están dispuestos a seguir dándola. Este es uno de los legados más importantes de Chile. Otra bendición.

 

El patriotismo pareciera ser un sentimiento que se nos encarna
desde los primeros años de vida. Es por ello que cuando el aprendizaje de los valores patrios se fomenta y se inculca desde niño, luego se manifiesta con mayor intensidad y conciencia cuando adulto.

 

Yo creo que nací patriota, encantado y maravillado con nuestro país. Tal vez lo tengo en mis venas por herencia. Quizás se me arraigó en el alma cuando, estando aún en el colegio, nos dio por leer en familia la obra “Adiós al Séptimo de Línea” y los relatos de la heroica hazaña de la Toma del Morro de Arica, de la epopeya de Iquique, de la durísima lucha en el desierto y de la gloria de los Viejos Estandartes. Tal vez se me metió en la piel tanto escuchar y disfrutar de nuestra música chilena: desde Los Quincheros a Los Cuatro Cuartos; desde Pedro Messone y “El corralero”, hasta el gran Tito Fernández y su “me gusta el vino, porque el vino es güeno”. Quizás, sólo la nostalgia me embargó la vida por siempre tras pasar muchos años fuera de Chile, extrañando tanto nuestro país, nuestra idiosincrasia, los amigos, la chicha, las empanadas y la cueca... Sí, me gustan la cueca y las tonadas, y me gusta la Violeta Parra, para quien todos los días eran “18”.

 

El 18 de septiembre es el cumpleaños de Chile, de la patria linda y generosa, y de todos nosotros, sus hijos. Y es alegría pura, es baile, recuerdos de infancia, de familia, de olores de primavera. Y a mí, como si fuera poco, un 18 de septiembre el Buen Dios me hizo uno de los más maravillosos regalos de toda mi vida: era el cumpleaños de mi mamá Lotty, que ya no está con nosotros, pero que junto con la patria que celebramos este septiembre fue la mayor de las bendiciones.

 

Por Eduardo Kutscher
Ingeniero Comercial



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