Chicureanos


Tierra de Inmigrantes

Opinion de chicureanos en Valles del Sol

Por Gustavo Retamal Ing. Civil Industrial - Emprendedor chicureano

 

``Es común encontrar entre nosotros gente de distintas nacionalidades, entre los que predominan argentinos, colombianos, peruanos e inclusive españoles y franceses´´.

 

Chicureo, que en mapudungún significa “región donde se arman las lanzas”, es hoy en día un lugar en donde muchos intentamos “armar” una nueva vida, en donde buscamos establecernos para formar nuestras familias, educar a nuestros hijos, hacer nuevos amigos y –últimamente- donde muchos ponemos nuestros talentos al servicio de nuevos emprendimientos, intentando depender cada vez menos de lo que sucede en la agitada ciudad que miramos con distancia.

 

Por supuesto, antes de la llegada masiva de estos nuevos vecinos ya existían habitantes que han visto cómo su entorno ha ido mutando de ser una zona eminentemente agrícola y artesana a lugar residencial. Este explosivo crecimiento nunca es fácil de sobrellevar, pero en la medida que pasa el tiempo, tanto los antiguos como los nuevos residentes van comprendiendo que el nuevo panorama es muy beneficioso para todos.

 

Es gracias a estos elementos que se está forjando, a mi juicio, un carácter único de quienes habitamos esta nueva comunidad, configurado por gente de diversos orígenes tanto geográficos como demográficos. Es común encontrar entre nosotros gente de distintas nacionalidades, entre los que predominan argentinos, colombianos, peruanos e inclusive españoles y franceses, gracias a la existencia de un colegio de dicho origen en Chamisero.

 

Pero entre los inmigrantes también debemos incluir a quienes “emigraron” desde dentro de nuestro propio país, siendo común en los grupos de amigos un buen porcentaje de viñamarinos, penquistas y otros provincianos que aportan con su estilo amable y cálido a las relaciones entre las personas, en una ciudad que tiene un ritmo muy vertiginoso y que a veces no permite tomarse la vida con suficiente calma.
 
Todo este ambiente muy prometedor, sin embargo, a veces se ve amenazado por malas actitudes (y como contraparte una muy desagradable cacería de brujas en las redes sociales) de quienes no han comprendido o valorado lo suficiente el hecho de tener la posibilidad de formar nuestra propia identidad como comunidad. Velocidades imprudentes en avenidas, mal estacionamiento en lugares públicos, trato discriminatorio con personas de más escasos recursos, son excepciones a la regla que deben desaparecer. Nuestros hijos observan todo lo que hacemos y la identidad que nos será reconocida en el futuro como ciudad será la que ellos tendrán grabada a fuego en sus corazones. No lo echemos a perder. VDS



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