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POBRE RICO POBRE

Por Juan Claudio Edwards
MsC - Consultor de Marcas


En una sui-generis comida en la casa de un alto ejecutivo de una empresa multinacional, se tocó el tema del nuevo “Mapa Socioeconómico de Chile”.

 

- Resulta que ahora soy ‘C1a’, cuando en el reporte anterior era ‘AB’… ¡esto es bastante denigrante! - comentó uno de los comensales con un par de copas de más.
- Lo que es a nosotros con la gorda, pasamos de ‘C2’ a ‘C1b’, y eso nos tiene felices – dijo otro, que a todas luces era un arribista profesional.

 

Mi mujer y otros de los invitados se miraban preguntándose “¿de qué hablan?”

 

Lo que pasaba es que El Mercurio había publicado la actualización de los Niveles Socioeconómicos (NSE) construidos por la Asociación de Investigadores de Mercado de Chile, AMI (1). En él, se reflejaban los porcentajes actualizados de cada NSE, el ingreso total promedio por hogar y otras notas ad-hoc.

 

No es que este estudio sea muy importante para la vida de la gente, pero sí es un indicador bastante clave para las empresas y empresarios. Por ejemplo, ayuda a establecer los tamaños potenciales de mercado, las políticas de precios, los focos geográficos de distribución y, claro, el mercado objetivo.

 

El tema que discutían mis comensales es que el mismo informe, publicado a comienzos de 2016, había establecido cifras diferentes para cada segmento.
Así, el informe anterior decía que el ingreso promedio por hogar del nivel alto (‘AB’), era de $4.386.000, mientras que el nuevo informe habla de $6.452.000. La clase media emergente, por su parte (grupo ‘C1b’), tenía un ingreso promedio hogar de $1.374.000 el 2016, y $1.986.000 este año…

 

Cuando expliqué esto a los que no estaban en antecedentes, la mujer del arribista dijo: “¡Y eso que en los últimos 4 años nos fue pésimo, pésimo!”.
- Por eso ya no soy ‘AB’ – volvió a la carga el amigo entonado, mientras se servía otro trago.
- Pésimo, lo que es “pésimo”, no… mal que mal ahora somos ‘C1b’ – reconvino el arribista.
… Mi mujer me miraba con cara de “¡están todos locos!”

 

Y ahí vino la mejor intervención de la noche: el hijo del dueño de casa (que había estado en silencio durante toda la comida), dijo:

 

- Yo creo que todos están mal.
El ser ‘AB’ o ‘C2’ o ‘D’ no tiene que ver con los ingresos mensuales del hogar, sino con el nivel de gastos durante el mes… Así, yo soy ‘C1a’ apenas me pagan el sueldo; a mediados de mes (después de pagar los colegios, la tarjeta de crédito, los dividendos y un largo etcétera), soy ‘C3’… y a fin de mes, definitivamente soy ‘E’… sino ‘F’, ‘G’ o ‘Z’, porque hay meses que no me alcanza…

 

Se hizo un silencio.
Este joven profesional había puesto el dedo en la llaga.

 

El estudio de la AMI no considera la realidad que vive cada hogar, ni tampoco el tamaño de cada familia. Un ingreso de $900.000 (que estadísticamente es ser ‘C3’) es muy diferente si soy soltero a que si tengo pareja y dos hijos; son los mismos $900.000, pero el nivel de gastos es muy distinto.
Siendo soltero puedo vivir, comer, “carretear” e invitar a una señorita a la playa. Siendo el único proveedor de una familia de 4 personas, me deja en la ruina y seguramente no me alcanza…

 

Probablemente no soy el único que ha reflexionado sobre este tema, pero creo que sería bueno que se considerara en próximos estudios. Quizás así podamos hacer frente a la realidad más allá de las frías estadísticas. VDS


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