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HACER EL AMOR

Por Juan Claudio Edwards
MsC - Consultor de Marcas


Es interesante, de vez en cuando, adentrarse en la semiología, esa ciencia que se ocupa del análisis de los signos lingüísticos (semántica y escritura) y de la semiótica (signos humanos y culturales). Ferdinand de Saussure, Charles Peirce, Roland Barthes y Umberto Eco son, probablemente, los más destacados estudiosos de la semiología y sus planteos resultan muy atractivos porque muchas veces lo que para nosotros “significa”, no necesariamente es lo que “es”.

 

Veamos un ejemplo muy acorde con el 14 de febrero:
La Real Academia de la Lengua (RAE) dice que hacer el amor tiene dos acepciones:
1. loc. verb. Enamorar, galantear.
2. loc. verb. copular (1)

 

Pero sigamos con la RAE: copular se define en su primera acepción “Unirse o juntarse sexualmente” (2).

 

Y aquí parte el problema: es muy probable que para muchos de nosotros “hacer el amor” sea distinto de “unirse sexualmente”… En un caso hay sentimientos de por medio (amor), y en el otro, sólo deseo (de procreación, de trascendencia o simplemente carnal...).
Y cuando digo que es un problema, es porque el significado que le damos tiene que ver con la cultura y no con la definición. Y las culturas están conformadas de muchas sub-culturas (etarias, sociales, étnicas, etc) y por tanto, una expresión puede tener muchos significados. Lo que para mí significa “A”, para ti puede ser “B”.

 

Pero vamos más allá: si nos guiamos por la semiótica cultural, “hacer el amor” está íntimamente relacionado con construir el amor, desarrollarlo, acrecentarlo, expresarlo y ejecutarlo.
Hacer el amor es un proceso, no un acto; un continuo, no un momento. Y por tanto “hacer el amor” es antes, durante y después de la copulación…
Y entonces aquí entramos en el segundo problema: ¿Cómo puedo “hacer el amor” si no comienzo enamorando y galanteando? (primera definición que nos da la RAE).
¡Es imposible!

 

Vamos otra vez a la RAE: Galantear es “cortejar a una mujer y decirle galanterías” (3).


Pero eso hoy no se puede!... Eso es ‘acoso’ y está penado por la “ley social” (además de la judicial).
Si un hombre comienza a cortejar a una chica y le dice “qué linda que estás, me encanta cómo te queda ese vestido…”, ella puede interpretarlo como acoso (‘me está joteando’, dirían las jóvenes) y hasta ahí llegó todo. Sin darse cuenta, nuestro conquistador estará en las Redes Sociales como un acosador de mierda.
Algunos dirán que galantear no es acosar… Estoy de acuerdo, pero ¿quién define los límites? Lo que para una chica puede ser una galantería, para otra puede ser un acoso, y ese es el problema: es subjetivo.
El acoso y la violencia física y psicológica no pueden ser permitidas; deben ser denunciadas y castigadas, pero pasarnos al otro lado sin la posibilidad de una galantería, es un despropósito… si seguimos así, la única forma que tendrán nuestros muchachos de tener pareja será mandándole un contrato previo a la chica de sus sueños…

Desde mi mirada, esto del rechazo a las galanterías (asumiéndolas como acoso), está matando al amor. El piropo bien dicho, el coqueteo inteligente es parte esencial para construir, desarrollar y Hacer el Amor… en el amplio sentido de la expresión. VDS

(1) (2) (3) http://dle.rae.es


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