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Retomar poco a poco las rutinas

Chicureanos celebran navidad con sentido

Por Victoria Mordcovich L.

 

Nadie quiere que las vacaciones terminen, pero en febrero ya todos comenzamos a prepararnos para el comienzo del año real. Cómo lograr que nuestros niños no lo vivan como un duelo.


Que estoy aburrido, que préstame el teléfono o la tablet, que mis amigos están aún en la playa, que a qué hora vuelves de tu trabajo…Para quienes ya regresaron de vacaciones (o nunca se fueron) febrero es un mes complejo, especialmente a partir de la segunda quincena. Por un lado, sigue teniendo la magia de los horarios más relajados, el clima agradable y las tardes largas, pero al mismo tiempo, nuestros hijos ya comienzan a sentir los efectos de la falta de rutinas y, en el caso de los papás, se dispara el llamado de atención para que la llegada del año escolar no resulte brusca ni traumática para nadie.

 

Quienes tienen niños pequeños lo viven de forma más natural, ya que su estructura se mantiene relativamente intacta durante el verano y están deseosos de volver a las salas para jugar con sus amigos. Pese a ello, el retorno a los horarios más esquematizados de los adultos y el hecho de dejar esa “seguridad” que les da estar en la casa puede ocasionarles algún nivel de duelo, especialmente durante los primeros días.

 

A partir de los seis años es cuando se perciben los mayores efectos de las vacaciones que se acaban y por eso los especialistas recomiendan conversar acerca de las sensaciones que provoca el regreso al colegio. “Hay niños que se angustian mucho y lo viven con un alto nivel de stress e incluso con miedo”, explica la psicóloga clínica e infanto-juvenil Carolina Calvo, quien recomienda a los papás generar instancias para que nuestros niños puedan expresar las expectativas y aprehensiones que tienen respecto del regreso a clases.

 

En ese sentido, dice que los adultos debemos intentar contener y transmitir empatía y calma a nuestros hijos. ¿La manera? “Plantearlo siempre como algo positivo y escucharlos. Debemos enfatizarles el lado entretenido de la vuelta a clases, que van a aprender cosas nuevas, van a lograr nuevas metas y, fundamentalmente, hablarles del reencuentro con los amigos”, comenta la profesional.

 

Una opinión similar tiene Cecilia Silva, especialista en psicología infantil, quien hace hincapié en la importancia de ir retomando rutinas de manera anticipada, para que los pequeños no vivan el cambio como una especie de tragedia, sino como una oportunidad de nuevos desafíos. “El significado que cada familia entregue al cambio de rutina es fundamental para poder vivir con bienestar y optimismo el regreso a marzo”, opina la profesional. En ese sentido, recomienda retomar poco a poco y de manera paulatina los horarios de dormir y despertar. Este proceso se puede comenzar unos quince días antes del regreso a clases.

 

En el caso de los adolescentes, cuya rutina de sueño se modificará bastante ya que tienden a dormir de día, es contraproducente obligarlos a cambiar sus hábitos veraniegos de un día para otro, ya que las respuestas oposicionistas propias de la etapa tienden a aparecer como respuesta a la “obligación”. Lo ideal, dice Cecilia Silva, es instarlos a que de a poco comiencen a planificar espacios de estudio o a buscar materiales para el colegio, con el fin de que retomen la noción de rutina escolar.

 

Juegos de mesa y lectura

La mejor manera de entretener a los niños en casa durante este último tiempo de vacaciones es en un contexto lúdico, que es funcional para todas las edades. Algunas buenas herramientas pueden ser inducirlos a leer y a buscar información en torno a temáticas que a ellos les resulten atractivas o pedirles que hagan un diario mural de las vacaciones, con fotos y comentarios.

Otra actividad recreativa para realizar en familia y que contribuye a trabajar las funciones cognitivas tiene que ver con los juegos de mesa que, además de ser entretenidos, enseñan a tolerar las frustraciones y contribuyen a trabajar la atención y la concentración.

 

“Hacer la previa”

Esa frase adolescente calza como anillo al dedo, ya que implica poner en mente y hablar en familia de las sensaciones que genera en nuestros hijos la vuelta a clases.

 

“Debemos sacarnos el prejuicio de que no nos pescan. Si nuestros adolescentes no nos pescan es porque nos ven siempre apurados, y lo que ellos necesitan es papás que estén abiertos, con ganas de compartir, conversar e involucrarse con sus cosas y sus intereses”, plantea la psicóloga Carolina Calvo. VDS



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