VDS Chicureo

DISTANCIADOS, PERO MÁS JUNTOS QUE NUNCA

 

Por: Roxana Child

Profesora de Educación Básica Licenciada

Magister en educación

Docente Colegio Santa Cruz de Chicureo.

Soy profesora desde hace 20 años y he trabajado en distintos contextos escolares, pero nunca imaginé lo que viviría este año. Recibí un curso nuevo y solo alcancé a verlos una semana cuando se suspendieron las clases por Covid19. ¿Cómo podría llegar a conocerlos y saber lo que cada uno necesita cuando no los puedo ver? La preocupación y ansiedad me invadía.

Comenzamos con un torbellino de información y de hacer, hacer y hacer, para aprender sobre la plataforma digital en la que trabajaríamos de manera remota, supuestamente por poco tiempo. Si bien es cierto estoy acostumbrada a llevar trabajo a casa para preparar clases o revisar guías, esta vez el trabajo se convirtió en mi vida. Estar en reuniones y capacitaciones, conectada todo el día con el computador y celular a la vez. Tratando de hacerlo todo rápido y bien, aprendiendo para poder enseñar. Estoy casada con un profesor y dividir los espacios para no interrumpirnos nos llevó a modificar nuestro hogar y nuestras rutinas. Peleando a diario con la conexión a internet, nos hemos vueltos expertos en innovar y tenemos un plan B, C y hasta D.

Empezamos a hacer clases mientras aprendíamos a usar este medio. Mis niños fueron un cable a tierra, ellos me hicieron ver que si bien es importante avanzar lo principal es comunicarnos. Porque buscan que les dé certezas que yo tampoco tengo, lo que nos ha llevado a conversar de nuestras vidas, de cómo nos sentimos, lo que nos preocupa y alegra. Estamos lejos, pero podemos estar cerca. El entrar en sus hogares me permitió conocerlos rápidamente, saber cuáles son sus condiciones y adaptarnos a ellas. No era la única tratando de organizar mi tiempo y mi hogar. Comenzamos a compartir la vida diaria, a conocer nuestras mascotas, al resto de la familia, lo que nos gusta hacer.

Celebramos cumpleaños, conversamos con los hermanos, mamás y papás, todos son bienvenidos en nuestras reuniones. Creamos un lazo tan fuerte que sin ver sus caritas en pantalla puedo saber cómo llegó cada uno de ellos. Si bien es cierto no todos los niños se sienten cómodos con este nuevo sistema, han puesto de su parte y son el mejor ejemplo de adaptación.

Me siento afortunada de tener la posibilidad de en este caos sentirme feliz, muy cansada pero feliz de estar haciendo lo que me gusta, llenándome de alegrías y cariño cada día. Y aunque extraño el cariño que nos expresamos cuando estamos cerca, seguimos jugando, seguimos riendo, seguimos compartiendo y aprendiendo. Distanciados, pero más juntos que nunca.

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