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VDS Chicureo

Desconfinamiento:  Chicureo empieza a renacer

 

VDS hizo un recorrido por los diversos Strip Center y locales comerciales de Chicureo, constatando como lentamente se va reactivando el comercio en la zona. Si bien varios negocios ya no están como consecuencia de la crisis que trajo el Covid19, otros se levantan y continúan atendiendo a su querido público. Emprendedores de distintos rubros compartieron su historia con nosotros.

El gobierno dio inicio el 3 de agosto al «Paso a Paso Laboral» del desconfinamiento, que obliga a los comerciantes a cumplir con rigurosas normativas, y se dispuso un manual para ellos, que tiene como objeto establecer las medidas preventivas, que tanto empleadores como trabajadores deben adoptar para disminuir los riesgos de contagio.

Tímidamente los emprendedores han ido reincorporándose de lo que seguramente ha sido uno de sus golpes más duros. Restaurantes, peluquerías, centros deportivos y educacionales han sido unos de los rubros más golpeados por la Pandemia. En Chicureo rescatamos el testimonio de cuatro empresarios que han debido resetearse para volver a comenzar.

Reinvertirse en lugar de reinventarse

Rodrigo Temple y su señora, Marcela Osorio, han vivido la crisis desde dos rubros distintos pero igualmente afectados.  Llegaron a Colina hace ya seis años, con muchos proyectos: Marcela consiguió trabajo en un colegio nuevo del sector y Rodrigo se adentró en el sueño de su vida que era tener su propia academia de Artes Marciales. Así nace Temple Dojo y tiempo después el jardín infantil Pequenes, dirigido por ella.

“Nuestro caso ha sido bien dramático. Conseguimos un éxito temprano y la academia crecía cada año. Cultivando hasta 120 alumnos para antes de que la Pandemia diera inicio. Con nuestro esfuerzo y mucho trabajo quisimos adquirir un terreno, una parcela en el sector y encontramos una muy bonita en Santa Esther. Esto ya hace un  año y algunos meses. Fue entonces en que supimos que deberíamos hacer algo más en forma independiente también y así Marcela ya no trabajaría para un colegio, si no que para la familia” señala Rodrigo.

Todo iba muy bien, habían logrado muchas cosas y estaban tranquilos económicamente, tenían sus negocios soñados y era fácil para ellos poder hacer nuestros trabajos de especialidades tales como Artes Marciales y Párvulos. Pero llegó el 15 de marzo, justo cuando acababan de celebrar los cinco años de Temple Dojo. “Hicimos una fiesta muy bonita… muchos invitados… era un día sábado… todos felices pero… ya sabíamos lo que venía el lunes siguiente…cerrados por seis meses ¡Seis meses! Estábamos presos del pánico de la gente y sabíamos que se nos venía muy difícil.

Justo dos semanas antes de que comenzara la cuarentena, Marcela había abierto Pequenes y ya con 10 alumnos inscritos en los primeros días. El sueño duró solo dos semanas y hubo que cerrar.

Rodrigo asegura que tuvo un presentimiento de que iban a ser los últimos de la lista en poder reabrir. Por otra dedujeron que la Guardería funcionaría antes y de mejor manera ya que la situación no aguantaría mucho a los niños pequeños encerrados más tiempo.

“En fin… nos mantuvimos vendiendo accesorios para entrenar en casa, la gente necesitaba eso así que vendí mucho… pero ya todos se equiparon y no hay más stock.  Marcela vendía unos Kits para que niños hicieran actividades lúdicas manuales y no online. Por mi parte he visto un poco desvanecer mi sueño lentamente… parece una crónica de una muerte anunciada. Es triste ver eso y no soy el único”.

Muchos les decían que debían reinventarte, pero Rodrigo es tajante al señalar que “nada me hace sentir más enojado que me digan eso… ya que como pocos soy un emprendedor que ha superado muchas cosas… pero esto es lejos lo peor. Yo prefiero el término `reinvertirse’… tomando algunos ingresos y haciendo algunos movimientos para poder mantenernos”.

Debieron tomas decisiones drásticas, como vender su casa en la Estancia de Liray e irse a vivir al Jardín Infantil mientras buscan una solución para poder construir la casa propia. “Para nosotros que luchamos mes a mes para tener el sustento… será muy difícil recomenzar. Estoy dando clases privadas para grupos reducidos.  De alguna forma hay que darle de comer a mis hijos mientras todo esto pasa, espero. La verdad no me importan las críticas por ello. Por el contrario.  Estamos tratando de levantarnos luego de algo que nos afectó hasta el alma debido a nuestras profesiones y oficios”, agrega el emprendedor, quien incluso ha pensado cultivar el terreno donde viven y hacer un vivero para poder estar más fortalecidos a la hora de volver y tienen un proyecto llamado “Recoleccionistas”, orientado a reciclar, reutilizar, donar o vender todo lo que la gente no usa en sus casas y aportar al cuidado del medio ambiente.

Rodrigo valora mucho el apoyo de familiares y amigos en este periodo y agradece que hayan tenido algunos ahorros que ayudaron mucho. Pero el costo ha sido alto, incluyendo una profunda depresión de la cual Rodrigo está saliendo. Pero no pierde la fe y quiere dejar en este reportaje un mensaje a los lectores: “Nosotros siempre quisimos dar servicios a nuestra comunidad. Yo en lo mío y Marcela en lo suyo, y prometemos que seguiremos adelante con eso. Cultivando gente de bien, iluminando el camino a quienes lo necesiten. Algún día volveremos y solo pedimos que vuelvan tranquilos y confiados de que todo pasará y la vida nos pone pruebas solo a quienes podemos superarlas”.

Aprender a ayudarse unos a otros

Astrid Marchadnt lleva años en el negocio culinario y de eventos como socia del restaurante Fogón del Leñador. El cambio para ella fue drástico: “De un minuto a otro nos vimos con el restaurante cerrado, con 46 empleados y sin proyecciones cercanas de abrir. Lo primero que pensamos fue hacer algo con la mercadería que teníamos, así que empezamos a vender las cernes, bebidas, vinos, abarrotes, artículos de aseo, etc.”

La emprendedora cuenta que con estas ventas nació casi de forma espontánea lo que se transformó en Mercadofogón.cl . “Empezamos con la mercadería del restaurante para hacer caja y pronto fuimos agregando productos de acuerdo a lo que nos pedían nuestros clientes y lo hemos ido complementando con productos que no se encuentren en el supermercado, con una calidad superior. Además de platos preparados tanto gourmets como caseros , listos para calentar, con la calidad Fogón del Leñador”.

La clave, señala Astrid, ha sido la atención integral que siempre dé soluciones y, sobre todo, que permita que nuestros vecinos no pierdan tiempo ni se arriesguen haciendo filas para las compras del supermercado.

“No sabemos cuándo empezará a funcionar el restaurante finalmente, pero este nuevo emprendimiento, viene para quedarse. Creo que la recuperación de las pymes viene de la mano del apoyo entre ellas, por eso somos una pyme, que busca productos de otras pymes”.

El centro de eventos del Fogón del Leñador, con el estallido social y luego con la pandemia debió cerrar sus puertas, “vimos sin posibilidad de realizar evento alguno, por lo que se vio la oportunidad de ocupar el espacio con algo afín, así fue que se amplió el giro de la empresa y se comenzó a producir batas plásticas para insumos médicos, que se traían hasta hace poco solo desde China, dándole la oportunidad a nuestro mercado con la producción nacional, la oportunidad de tener un implemento de primera necesidad y de darle trabajo a la mayoría de nuestros empleados y garzones que estaban sin trabajo”.

Con estas medidas han sabido sortear las dificultades y ser fieles con sus empleados, dándoles la posibilidad de seguir con trabajo.

Cuidar a quienes trabajan contigo

 Claudia Galilea es la dueña de la Boutique Cándida y Narcisa, que lleva 15 años ininterrumpidos abriendo a diario para sus clientas. Pero esta Pandemia cambió todo.

Tuvo la suerte de que en febrero viajó a Europa para comprar la colección de invierno y pudo vivir en primera persona las consecuencias del Coronavirus en la economía y los negocios locales.

Cerré la tienda el 15 de marzo, principalmente para no para exponer a la vendedora a un posible contagio. Desde ese momento Instagram fue mi canal de ventas, pero lo que ganaba me alcanzaba para pagar el sueldo de mi vendedora y el arriendo del local, que menos mal el Centro Comercial Los Pinos bajó el valor de los arriendos para que pudiéramos quedarnos”.

La ventaja a favor que tuvo Claudia fue que ella siempre compra y manda a hacer la ropa a los talleres con mucha anticipación y tenía stock de sobra para vender. “De las ganancias para mí no quedaba nada, pero lo más importante en ese momento era proteger a mi vendedora, que no se quedara sin trabajo. En mayo para el día de la madre abrí el local, pero atendí yo en persona y vendimos un montón”. Estos meses para Claudia tenían como fin “capear la ola”, lo que ha significado muchísimo trabajo y sacrificio, pero valió la pena porque ya pudimos volver a abrir, por el desconfinamiento.

“Los emprendedores estamos todos en la misma y hay que ayudarse, primero a nuestros empleados y después comprado productos hecho por Pymes locales, de nuestros vecinos”, asegura Claudia.

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