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VDS Chicureo

INCLUSIÓN LABORAL COMO VALOR AGREGADO

 

Me he dado cuenta, que mientras las personas con necesidades especiales son pequeñas podemos protegerlas en el colegio y en la casa, pero siempre me he preguntado ¿Qué pasa con ellos cuando salen del colegio?  

Los invitamos a leer esta columna publicada en 2018 y a preguntarnos ¿En qué hemos cambiado?

Soy una convencida de que la inclusión laboral es fácil de lograr si dejamos los miedos y los mitos en torno a las personas con necesidades especiales a un lado.

Los jardines infantiles que dirijo tienen inclusión laboral, principalmente para brindarles a ellos la posibilidad de mejorar su calidad de vida, desarrollarse y realizarse. Lo cual impacta positivamente en el funcionamiento de los equipos de trabajo, se genera unión e impone desafíos colectivos. Favorece el clima laboral y se generan experiencias relevantes y significativas.

Hace 18 años, cuando hice mi primer jardín infantil, los niños con Síndrome de Down estaban escondidos en sus casas, los padres llegaban hablando despacito de su hijo, como si fuera algo malo, pero yo no veía nada malo en ello y desde el comienzo empecé a aceptar niños con discapacidad o condiciones especiales, en una época donde ni siquiera habían normativas en cuanto a adecuaciones físicas, como rampas para sillas de ruedas ni menos aún adecuaciones curriculares en los colegios o jardines.

Me he dado cuenta que mientras las personas con necesidades especiales son pequeñas podemos protegerlas en el colegio y en la casa, pero siempre me he preguntado ¿Qué pasa con ellos cuando salen del colegio? Por eso nunca me compliqué con la idea de contratar personas con capacidades distintas para trabajar en el jardín. Mi primera experiencia fue con una mujer extraordinaria, que tenía discapacidad cognitiva. Fue algo muy positivo, tanto para ella como para nosotros y toda la comunidad escolar. Tiempo después, estando en la sede de Chicureo, vino a verme una mamá del colegio de mis hijos, la noté nerviosa y le pregunté qué le pasaba. Su segunda hija, con Síndrome de Down, había terminado cuarto medio y había probado sin éxito en dos trabajos. Decidí darle una oportunidad y fue lejos una de las mejores decisiones que he tomado. Lleva cuatro años trabajando con nosotros, los niños la adoran, las educadoras y padres también, además tiene un manejo extraordinario del inglés. Y es que para mí las personas Down son seres perfectos, porque trabajan increíblemente bien, no conocen la maldad y hacen feliz a quienes los rodean.

Es por eso que yo los invito, como comunidad de Chicureo, a atreverse, a abrir mente y corazón. Les prometo que solo van a salir favorecidos de esta experiencia.

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