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VDS Chicureo

Los Anclasos de Los Alfaro

Visitar El Ancla de Chicureo es para nosotros un verdadero agrado. Espero que para ustedes también lo sea.

Por Sandra Muñoz Bravo

Quiero contarles cómo llegamos con José Luis -mi esposo- al Restaurant El Ancla de Chicureo. Partimos en la sucursal El Ancla de Providencia, donde mi esposo organizaba junto a su equipo de trabajo, los almuerzos o Anclasos de la oficina el primer viernes de cada mes -cuando llegaban los cheques de almuerzo de SODEXO. La jornada se volvía larga y tendida a mantel largo; claramente nadie regresaba al trabajo.

Un día, en camino a casa, vimos un lugar llamado “La Gatita” que publicitaba Pescados y Mariscos. Pero todo estaba muy oscuro y mi esposo puso en duda que fuera un restaurant. Bueno, había que intentarlo. Comenzamos a visitarlo, y cuando lo compró Don Claudio, fue convirtiéndose en El Ancla de Chicureo; nosotros felices porque ya conocíamos la carta, la calidad de sus platos y el servicio de sus garzones.

Con el tiempo, íbamos todos los jueves, luego martes y jueves, y finalmente martes, jueves y domingos. Me preocupé de dejar una foto en la cocina de mi casa para que no me olvide. Hemos conocido a familias completas, hecho grandes amigos, conocido historias, personajes de la farándula criolla, futbolistas, actores; todos muy simpáticos dado el buen ambiente que se genera. Las tertulias del Club de Toby ya no son en casa, son en la Terraza del Ancla. El buen humor de mi esposo nos ha permitido conocer a muchos garzones; unos mayores y bastante maduros, otros de la edad de su hijo mayor, también latinos muy entretenidos, otros muy serios y tímidos; pero de todos ellos hemos aprendido.

Este lugar se hizo cada vez más especial. Las largas y buenas pláticas, las grandes decisiones y porqué no decirlo, las diferencias con mi esposo conversadas al calor de la chimenea, al dulzor de una copa de vino o con un Sour Ancla.

Cada viaje de trabajo de José Luis y el mío son coordinados para que la hora del Anclaso no pase de largo. Nuestro plato favorito es el “Ceviche Imperial” y la “Merluza Austral” acompañado de un buen Mosto. A veces invitamos a los amigos de la vida y terminamos -casi siempre- cerrando el local, hasta colocando la alarma. Así de pegotes.

La pasamos espectacular. Es un lugar en el que puedes conversar sin tener que gritar, la música está a un nivel acústico que agrada y no interrumpe; los comensales son adultos jóvenes muy agradables, los domingos disfrutamos de los niños y los adultos mayores. Todos tienen su espacio. Visitar El Ancla de Chicureo es para nosotros un verdadero agrado. Espero que para ustedes también lo sea.

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