VDS Chicureo

Padres e hijos en Pandemia: Aceptar sin juzgar

Los últimos meses hemos escuchado más que nunca acerca de educación emocional y  crianza respetuosa. Especialistas recomiendan cómo potenciar las emociones “positivas” y cuál es el manejo adecuado de las rabietas y conductas explosivas, entre otras cosas.  Si bien todo aquello es cierto y comprende un gran aporte, hoy debemos ajustar nuestras expectativas como padres en esta pandemia y plantearnos metas realistas.

Carolina Cervero
Psicóloga Infanto Juvenil
Magister Neuropsicología Pediátrica (c)
Coordinadora Centro del Neurodesarrollo Casanogal

 

Aunque pareciera ser que estamos más que nunca con ellos, en muchos casos nuestras preocupaciones nos han desconectado de sus vivencias y necesidades. Estamos inmersos en nuestros propios pensamientos, las dificultades del trabajo, nuestros familiares y su salud, la soledad del aislamiento o incluso mirando el teléfono algo que más tarde seguro no recordaremos. Nuestros niveles de paciencia y tolerancia se han visto reducidos y nuestras respuestas a momentos se han vuelto automáticas, sin detenernos a observar lo que pasa o acompañar a nuestros hijos en sus sentimientos.

Eline Snel, autora de “Tranquilos y atentos como una rana”, refiere 3 cualidades básicas para la labor de padres: aceptación, presencia y comprensión. Si pensamos nuestra situación actual, la cuarentena nos ofrece una tremenda oportunidad para practicarlas. Las cosas son como son: hay una pandemia histórica que ha desestabilizado al mundo entero. Tenemos incertidumbre sobre lo que se avecina y debemos cuidar fervientemente nuestra salud, lo que nos lleva a estar en casa, cuidados y aislados de nuestras familias y amigos. Aceptamos entonces todas las emociones que pueden surgir de aquello; cada día es diferente, y sin dar opiniones o juicios, aceptamos aquello que aparece en el aquí y el ahora. Estemos presentes en esa pataleta, en las risas, en los juegos y discusiones, porque a veces estar presente es suficiente. Y comprendamos que nuestros hijos y nosotros mismos podemos ser auténticos.

Porque son momentos difíciles que nos afectan transveralmente a todos. Surgen en nuestros hijos (y nosotros mismos) sentimientos intensos que debemos aceptar. Al no intentar rechazarlos, minimizarlos o pretender que sean diferentes, les enseñamos a aprender a no resistirse y hacerse consciente de lo que están sintiendo, a través de una atención plena, abierta y sin juzgar, para luego ver qué necesitan (expresarlo, un abrazo, llamar a un amigo, buscar una solución, dibujarlo). Porque a pesar de que le tememos a aquellas emociones “negativas”,  por medio de éstas aprendemos mucho y si son bien abordadas, tienen un efecto positivo para el desarrollo.
Como padres debemos ser honestos al transmitirle a los niños lo que estamos viviendo y hacerlos partes de esto, utilizando un lenguaje adecuado para cada edad. No temamos que nuestros hijos externalicen el malestar, sino que aceptemos, acompañémoslos y comprendamos eso que les y nos sucede.

 

 
 
 

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