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Benjamín Ponce

El mar: el reflejo del ser humano

Revista VDS Chicureo, el mar

El océano representa un sinfín de sensaciones y sentimientos para los seres humanos. Este liquido salado, dueño del 70% de la superficie del planeta, no solo ocupa un lugar físico en la tierra, sino que es capaz de interpretar la relación que tenemos con los que nos rodean.

Algunas veces oscuro, otras veces transparente; en algunas costas fuerte, en otras tranquilo. Para algunos, el mejor amigo; para otros, el enemigo. ¿Qué es el mar? ¿Qué nos transmite? Al igual que las relaciones interpersonales, el mar puede cumplir un rol muy diferente de acuerdo a la forma y perspectiva en que lo miremos y analicemos.

Estar en la playa, sentados junto a nuestros seres queridos, disfrutando y viendo como nuestros hijos se deleitan de la arena, del agua salada y del sol, puede ser uno de los momentos más bellos que una persona puede apreciar. El mar se transforma en un lugar de reencuentro, amor y esperanza. Sin embargo, aquel hermoso lugar, lleno de momentos memorables y preciosos paisajes, puede resultar ser una pesadilla para otros. Esta majestuosa masa de agua, ha logrado arrasar con recuerdos de muchos seres humanos; sus grandes olas se han apoderado de hogares, pueblos y ciudades, llevándose memorias y seres queridos, directamente hacia sus indescifrables profundidades.

El mar, una extensión de agua salada, puede cumplir muchos roles en nuestra vida. Su belleza, su movimiento y el sonido que reproduce al bailar, nos puede transmitir placer, miedo, nostalgia o recuerdos. Un lugar que, a pesar de ser tan normalizado para algunos, puede ocupar un lugar muy importante en nuestra memoria, ya sea de manera visual, como también al momento de olerlo o sentirlo.

Al igual que la vida, este siempre cambia su esencia, su movimiento y temperamento. Tal como al ser humano, nunca hay que juzgarlo por su apariencia ni por su belleza; esta puede cambiar, mutar, y demostrar lo opuesto a lo que buscábamos. Un día nos muestra el reflejo del cielo, y otro el tenebroso y misterioso mundo que vive en él. El océano no tiene caminos ni rutas establecidas; es una constante incertidumbre, sin saber qué esperar, qué ver o qué pensar sobre él.

Tal como dijo Morgan Freeman, “si vives una vida de fantasía, tu vida no vale nada hasta que hagas algo que desafíe a tu realidad. Y para mí navegar en mar abierto es un verdadero desafío porque es vida o muerte”. Las relaciones humanas se resumen en atreverse, en no juzgar por su oleaje o su calma, sino que, en arriesgarse a conocer, enamorarse, amar, perder o a no encontrar lo que buscábamos.

Tal como nos da belleza, recursos, comida y una importante vía de transporte, nos puede quitar todo sin darnos cuenta. El misterioso océano, lleno de lugares y cosas que nunca dejaremos de descubrir, nos demuestra claramente cómo puede resultar el descubrimiento de personas, de amores y de relaciones: una constante búsqueda sujeta a la incertidumbre y sorpresa. Y tal como las relaciones humanas, debemos cuidarlo, amarlo y hacerlo parte de nuestras vidas, sin olvidar que lo que buscamos tener cerca, lo queremos sano y salvo.

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